4.4.10

La primavera

Ya fuera del bullicio de Lisboa, voy a escribir un poco de un aspecto del viaje que está siendo maravilloso: El campo portugués está mullido de verde, hay tanta hierba y tan alta, que tenemos la sensación todo el rato de estar viajando por Francia. Las flores tapizan por completo campos enteros, y no queda cuneta sin ellas. Las malvas, que todavía no están en flor, nos llegan al pecho. No quiero pensar qué aspecto tendrán cuando florezcan.

Hay muchísimos pájaros, sobre todo jilgueros y verdecillos, y cigüeñas a miles, y en cambio apenas gorriones. Hoy acabamos de pasar dos eucaliptos bien grandes al lado de la carretera que tenían unos diez nidos de cigüeñas cada uno, y ayer dí sepultura a un jilguerillo que recuperé del radiador del coche de una señora (que me lo agradeció).

Estamos comiendo a la orilla del Tajo, con una música de fondo de pasodoble español que tienen puesta en el pueblo de al lado, Chamusca (creemos que nos están esperando con banderitas). He ido a la fuente a lavar las manzanas cuando ha llegado una familia. Viendo que el niño gordito quería beber, le he dejado pasar entre la primera y la segunda manzana, y se ha metido el grifo en to los morros y se ha puesto a chupar. Lo he interpretado como una muestra más de la exuberancia de la naturaleza.